
Un recorrido por los pueblos que componen el Valle de Guadalest nos permitirá disfrutar de la floración del almendro.
Tras superar el duro invierno, entre enero y marzo, el almendro empieza a florecer regalando al Valle de Guadalest un gran espectáculo de colores blancos y rosas.
Es tiempo de detenerse y admirar la belleza que otorga esta hermosa flor que nos invita a reflexionar sobre lo efímera que es la vida, sobre lo bella, delicada y fugaz que es y la importancia de disfrutarla hasta el último segundo.
Las flores sólo permanecen en los árboles una o dos semanas, dependiendo de las condiciones climáticas como por ejemplo el viento, que puede llegar a desflorar el árbol en un instante y brindarnos una blanca lluvia de pétalos digna de una entrada triunfal.
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